
De entre todos los profesores que he tenido, el de navegación se lleva la palma en pintoresco.
Buzo de profesión, se gana la vida haciendo todo tipo de chanchullos portuarios: lo mismo libera unos cabos enrollados a la hélice, que tramita documentaciones de barcos o hace de camarero en un caro restaurante frente a los veleros.
Vive en un barco sin motor dónde da las clases entre el balanceo y el crujir de las maderas. Es la escuela con el patio más bonito del mundo.