
Tengo la manía de preguntar como llegar a los sitios a la gente que se me cruza, aunque ya lo sepa. Y lo peor es que les hago caso hasta si me dirigen a otra dirección. La aventura es la aventura.
El morbo me viene cuando alguien, siempre hay ese alguien, te aconseja que cuando llegues hasta el lugar que te ha indicado, vuelvas a preguntar. Entonces la manía se vuelve vicio y ya incluso olvido a donde iba.