
Cambiaría el levantarme con prisas por un despertar con pausa, poco a poco... primero abrir un ojo para echarle el primer vistazo al día, un pequeño bostezo a lo león de la MetroGoldwynMayer, estiramiento de las articulaciones (sin forzar, no nos vayamos a romper!), luego abrir el otro ojo para ver el mundo en formato panavisión... y sí no nos convence la cosa, pues a dormir diez minutos más y ya lo intentaremos más tarde otra vez y las veces que haga falta.
Cada noche me sitúo el despertador más lejos por miedo a apagarlo por la mañana y seguir durmiendo. Como siga con esta dinámica de distanciamiento y teniendo en cuenta los metros diarios que lo voy alejando, en un par de días estarà colocado en el comedor del vecino. Espero que no le importe.
